Sentir mi presencia en este mundo ha sido una de las contemplaciones más profundas en mi vida. Podemos contemplar lo que somos capaces de querer ver, mas la mente es limitada cuando no hay presencia desde la consciencia de que somos una Luz esencial en este mundo maravilloso. Sí; un mundo maravilloso que tiene Luz propia y que también desea transformarse en lo sagrado.
Estamos acostumbrados a poner más atención en el drama, el caos y el sufrimiento. ¿Cuándo es que se fue perdiendo la alegría de ayudar y confiar en el plan de Dios? ¿Cuándo es que empezamos a confiar más en los diagnósticos que nos causan sufrimiento? ¿Cuándo es que nos volvimos colectivamente negativos?
He aprendido a que si cuestiono algo me aseguro de que la respuesta sea Luz, porque es sentir la brújula del corazón direccionando el camino hacia la gracia divina.
La Luz me ha dado tres respuestas como mensajes para las preguntas que he hecho en este artículo:
•La humanidad ha dejado a un lado la alegría, que es el libre albedrío de Ser y hacer desde el alma, la manifestación de los deseos de Dios, a través de nuestra presencia. Empezamos a pensar en Dios como si nosotros lo estuviéramos creando para creer en algo, para que nos sostenga, mas dudamos de Él, lo sentimos afuera; entonces buscamos afuera todo el tiempo, generándonos una angustia insaciable. La respuesta es: busca y encuentra adentro de ti, ahí hay un océano. Contempla a través de los sentidos de tu alma; es más real que lo que las suposiciones colectivas imponen afuera. Ahí está Dios; en ti.
•Existen dos frecuencias que nos mueven en este mundo, el miedo y el amor. El miedo es humano; por supervivencia, nos enseña a mantenernos a salvo ante una situación real de peligro. La mente tiene poderes divinos; percibimos anticipando algo que está por suceder, o lo creamos para que se manifieste. Si dormimos y despertamos poniendo atención en el miedo, creamos una historia sin gozo y construimos una vida lejos del océano del alma; es una forma de negarle a Dios sus milagros. La respuesta es el amor: es la fuerza más milagrosa; yo le llamo "Mi amor divino".
•La humanidad tiene la creatividad de co-crear; la naturaleza del alma es co-crear, y esto significa manifestar lo que Dios nos da. El problema es cuando el humano quiere crear solo; empieza a actuar como un Dios, a veces por competencia con Dios o a veces para demostrarle que es valioso y que puede sobrevivir por sí mismo. En los propios enredos del humano por querer crear un mundo, una sociedad o una inteligencia, se pierde a sí mismo, ignorándose como la Luz de Dios. La respuesta es: seamos más responsables y aceptemos ser la Luz de Dios, una inteligencia superior la cual nos ha creado y su plan es maravilloso. Si sentimos miedo, nos movemos con la fuerza del amor; y en esa manifestación, el miedo solo estará al servicio del amor, transformándose en compasión. Ser tú ya es algo extraordinario; eres majestuoso por naturaleza, eres magnífico.
Vivamos en honor a Dios, honrando su Luz que crea y transforma. Por más que busque el humano estudiar por medio de la ciencia y quiera encontrar una respuesta superior a Dios, lo único que conseguirá es haber rechazado los milagros de Dios en su vida.
Empieza a conectar con tu alma; ahí encontrarás tu cosmos, tu mundo, tu hogar y tu historia. Descansa y goza del océano en tu interior y desde ahí contempla a Dios en todo. Fuimos creados con amor; amor es lo que requerimos para vivir en armonía.
¡Nato di Luce Divina!






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Claudia Servín (martes, 17 marzo 2026 17:08)
Ese hermoso y divino libre albedrío, que nos permite elegir la frecuencia en la cual vibrar, y cómo bien en tu círculo de meditación nos has dicho: la sutileza con que Dios nos habla, nos lleva a los majestuosos océanos de Su Gracia.
Lucy, gracias por compartirnos la luz de tu conocimiento.